Aceptación

Dice un viejo proverbio que en el momento en que nos planteamos una pregunta ya conocemos su respuesta, de otro modo nunca nos hubiéramos hecho esa pregunta.
Preguntarnos algo de este modo es como jugar al «Trivial» sabiendo las respuestas de memoria.
Nuestra mente racional  juzga y evalua, presupone y condiciona.
El camino del crecimiento personal implica hacernos preguntas de las que no conozcamos la respuesta, atreverse a reconocer que carecen de ella implica un acto de valor, el salto al vacío. Al mismo tiempo  cultivamos nuestra paciencia, una cualidad muy en desuso hoy en día. La inmediatez parece haberse adueñado de todo. Paradójicamente adentrarse en la oscuridad es la única vía para avanzar hacia la luz.

¿Quien soy realmente?
¿Qué es la realidad?
¿A donde voy?

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