Crisis

Perdimos la conciencia, el honor y la sabiduría arropados por el conocimiento y por una vida confortable, sin penas ni sufrimiento. Resistimos todo cuanto pudimos pero sucumbimos exhaustos, acabamos incluso perdiendo para siempre nuestra capacidad de resistir. El efervescente espíritu humano no contempla el sedentarismo ni la complacencia material. Nos resignamos a nuestro destino y a la sequía de ideas amparados por los pronósticos.

Definitivamente abandonamos todos nuestros sueños, llegamos a creer que cualquier otro mundo no es posible. Olvidamos nuestra capacidad de imaginar y eso creó un enorme vacío interior en nuestros corazones, un vacío difícil de llenar con golosinas y distracciones. Acabamos sucumbiendo a algo mas terrible que la derrota, algo mas mezquino sin duda, abrazamos de nuevo  la queja y la capacidad de maldecir, sin considerar alternativas, para refugiarnos de la gran mentira, la  pérdida de la esperanza. Se fue la luz y en lugar de encender una vela nos lamentamos del mal servicio de nuestra compañía eléctrica.

Tal vez necesitemos encender esa vela, ahora mismo, ahora mas que nunca, tal vez si lo hiciéramos crearíamos una luz  capaz de iluminarnos a todos de nuevo y vislumbrar la senda por donde decidamos emprender nuestro camino.

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