Crisis, política y conciencia

Mientras algunos continúan enzarzados en  el bipartidismo otra  gran parte de la población parece haberse dado cuenta de que elegir entre uno u otro grupo es parte del juego.
Un juego inteligente que nos permite permanecer enganchados a una de las opciones creyéndonos poseedores de la verdad.
A primera vista podría parecer que estas personas, que conscientemente han decidido dejar de jugar a este macabro carrusel de cambios de poder, tienen ahora pocas opciones y están condenadas a sucumbir y resignarse a los designios de la mayoría. A menudo se les mira con desprecio y algo de lástima por su aparente ingenuidad.
Sin embargo, su decisión no carece de cierta lógica, y me atrevería a ir mas lejos y a calificarla como de exquisitamente inteligente, por diversas razones. Resulta evidente además que el bipartidismo es tan solo una de las facetas del macabro juego en que estamos inmersos.
Me permito hacer las siguientes reflexiones:
– Elegir entre blanco o negro nos obliga a escoger un bando concreto y eso nos coloca en una doble posición de defensores de lo uno y opositores de lo otro. Tanto en el papel de defensores como de opositores seguimos inmersos en el juego, asumiendo cada uno su papel a raja tabla.
– Es evidente que ninguno de los bandos posee una fórmula mágica para resolver los problemas porque de ser así ya los hubieran resuelto en las diferentes oportunidades que han tenido de acceder al control y al poder, por lo tanto los diferentes paquetes de  soluciones que nos ofrecen son tan solo meras quimeras disfrazadas de hechos realizables. Todos sabemos que  el asno nunca alcanza la zanahoria y que esta es tan solo un medio para mantener al animal engatusado y obligarle a avanzar con la carga que quieran echarle.
– Si ambos bandos  quieren «lo mejor para todos», ¿por qué siguen discutiendo encarnizadamente en lugar de sentarse a conversar y escucharse mutuamente para conseguir ese bien común?
– Si todos tenemos que estar unidos, especialmente cuando las cosas van mal ¿por qué nos dividen con mensajes e insinuaciones, obligándonos a ponernos camisetas de  diferentes  colores para que nos veamos como diferentes?
– Si nuestros líderes representan al pueblo, ¿por qué no le consultan antes de tomar decisiones que le afectan directamente?
Podría continuar durante un rato formulando preguntas e hipótesis pero no pretendo aburrir.
En cualquier caso creo que el juego está llegando a su fin, pero para que eso ocurra todos deben ser conscientes de el y abandonar su papel como defensores o detractores de una serie de  promesas que indudablemente nunca se materializarán.
Ser capaces de observar el juego y salirnos de el nos permite tomar distancia y ver realmente qué es lo que ocurre y eso conduce ineludiblemente a conocer qué es realmente lo que necesitamos acometer.

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