Mindfulness y desarrollo personal

Ayer cayó en mis manos un nuevo artículo sobre desarrollo personal. El autor indagaba en una cuestión escabrosa: conocerse a uno mismo.
La verdad es que estoy harto y más que saturado de escuchar sentencias que incitan al ‘autoconocimiento’ y a la ‘introspección’, generalmente de la mano de consolidados gurús de fama mediática. Muchos de sus consejos dejan esta cuestión en el aire, es decir que inciden en la importancia de autoconocerse pero no explican cómo hacerlo, o al menos no suficientemente, al menos ese es mi criterio. Evidentemente resulta mas sencillo ofrecer recetas fáciles y que no desencasillen demasiado al lector.
De modo que para muchos eso de ‘conocerse a uno mismo’ suena muy bien pero en muchos casos el receptor de esos mensajes no tiene ni idea de lo que eso realmente significa.
Bien, intentaré explicitar aquí mi opinión al respecto así como introducir algunas sencillas sugerencias para ponerse en marcha.
Podríamos empezar con algo parecido a esto:
Conocerse a uno mismo significa ser consciente de nuestros gustos y aversiones. Ser conscientes de lo que nos gusta o nos disgusta.
Si nos planteamos conocer algo a fondo, la mejor manera de hacerlo es estudiándolo, observándolo. Conocerse a si mismo no responde a una mecánica diferente, lo que significa que  hace falta estudiarse a uno mismo y observarse.
El problema de hacerlo radica en las valoraciones. Cuando nos auto observamos encontramos cosas que nos gustan y otras que nos gustan menos y generalmente nos perdemos en juicios y suposiciones acerca de cómo deberíamos ser en realidad.
Además, nos han enseñado que uno es lo que hace. Esa es una perniciosa suposición que hemos adoptado como verdad irrefutable, sin rechistar.
Soy piloto dice uno, soy fontanero dice otro, soy vendedor afirma el siguiente.
Entonces yo les pregunto: ¿qué pasa entonces cuando uno decide cambiar de profesión? ¿Se transforma en una persona diferente?
Evidentemente eso no es así, luego el propio razonamiento, por muy lógico que suene, en realidad implica una enorme falacia.
Probablemente sea mas acertado indentificarnos a nosotros mismos con lo que ‘somos’ y no con lo que ‘hacemos’, ese sería sin duda un excelente primer paso en el proceso de auto conocernos.
El auto conocimiento implica además ser consciente de todo lo que bulle en nuestro interior, tanto en nuestro cuerpo como en nuestra mente.
Ser conscientes de lo que pasa en nuestro cuerpo puede ser de gran ayuda para orientarnos. A veces nos ocurre que en compañía de ciertas personas sentimos malestar pero no acertamos a atribuir exactamente la razón para ello. Efectivamente, si prestamos atención a nuestro cuerpo mientras interaccionamos con otros, no tardaremos en darnos cuenta de cómo nuestro cuerpo genera sensaciones agradables en compañía de muchas personas y situaciones concretas. En otras lo que experimentamos son sensaciones desagradables. Si uno presta atención a lo que el cuerpo le dice en cada caso entonces será más sabio y se conocerá mejor a si mismo porque entenderá con quién, dónde y cuándo se siente como se siente. Logrará conectar con su propio barómetro interno, el cual nos indica lo que nos conviene.
El cuerpo nos habla, lo hace constantemente, desgraciadamente no siempre estamos dispuestos a escucharle y así nos va. Negamos el cansancio, tratamos el malestar y el dolor a golpe de pastilla y cuando lo que sentimos resulta insoportable recurrimos a todo tipo de anestesias como todo tipo de sustancias hasta  la comida, la verborrea incontrolada, el ejercicio compulsivo o la socorrida solución de poner la tele y tragarnos lo que nos echen.
Además de observar nuestro cuerpo también podemos decidir prestar atención a  nuestra propia mente.
Nuestro cerebro genera continuamente pensamientos, valoraciones, juicios, planes y un larguísimo etcétera.
Podemos pensar que nosotros somos todos esos pensamientos, pero también tenemos la elección de observarlos sin involucrarnos en ellos, podemos simplemente decidir explorarlos sin obedecer a sus imperativas órdenes.
En mis talleres, cuando los participantes entran en contacto con su propio flujo de pensamientos, yo suelo formularles la siguiente pregunta:
¿Quién genera esos pensamientos?
 A menudo esto suele descolocarlos un poco y entonces es cuando aprovecho para lanzar una nueva pregunta:
¿Y quién es el que observa todos esos contenidos?
Descubrir que no somos nuestros pensamientos, es decir, dejar de identificarnos con ellos, nos proporciona una de las mayores revelaciones que podamos obtener de la vida porque de ello se deduce que verdaderamente:
 Somos libres para diseñar y crear todo aquello que nos propongamos
Porque en realidad ese observador no es mas que conciencia que a su vez  es consciente de ella misma.
Tal vez convendría leer esta última frase de nuevo.
El camino y herramientas que nos proporciona el cultivo del mindfulness representa una senda de conocimiento y crecimiento personal inestimable.
Pero no todos están dispuestos a asumir el reto e invertir en el esfuerzo.
Permanecer ajenos a nosotros mismos también tiene muchas ventajas, la principal de ellas es no tener que preocuparnos. Por eso vivimos despreocupados y consecuentemente permanecemos también poco implicados en lo que hacemos. Sin interés no hay autoconocimiento y sin valor tampoco. 
El cultivo del valor precede a la inversión del  esfuerzo porque en realidad el esfuerzo necesario es muy pequeño comparado con la dosis de valor necesaria para emprender lo que realmente vale la pena: el camino de concienciarnos y redescubrir quienes somos realmente y qué narices hemos venido a hacer aquí.

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