El sufrimiento: algo que nos atañe a todos …

 

Abro la puerta.

Entran en mi consulta.

Algunos con cara de roble, otros con las manos temblorosas.

Unos balbucean, otros incluso ríen y algunos lloran.

Todos traen su propia historia, algunas tejidas por ellos mismos pero estos son una minoría. La mayoría cuenta una historia extraña para ellos, como si no fuese suya, historias urdidas por la vida. Se presentan a menudo como víctimas al sentirse maltratados por el destino o porque creen no haber sabido jugar bien sus cartas.

Sus historias se entremezclan con mi propia historia. Somos seres narrativos, nos encantan las historias, nos entusiasman las películas y los cuentos, y nos cautivan los libros, las obras de teatro o las marionetas.

Escuchándoles a todos ellos en ocasiones me siento afortunado, otra veces profundamente desdichado. A lo largo de los años me he dado cuenta de que no son nuestras historias las que nos hacen desdichados. Por alguna razón las necesidades y sensibilidades de nuestros corazones son muy dispares.

Lo que para unos es una catástrofe resulta ser para otros una bendición y viceversa. A pesar de este hecho, confluimos todos al intuir una especie de sufrimiento universal, aquel que afecta y conmueve a todos por igual, aquel de no deja indiferente a nadie en absoluto.

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