Depresión: estado de la cuestión

La depresión representa un grave problema de salud en los tiempos que corren. De hecho el numero de personas diagnosticadas de depresión no ha parado de crecer durante las ultimas décadas.

Mientras este problema crece, neurocientíficos, psicólogos, biólogos y otros profesionales continúan investigando a fin de poder entender mejor el problema y ofrecer soluciones. Desgraciadamente este grave problema de salud se asocia en gran medida al estilo de vida moderno actual, eso explicaría la mayor prevalencia de esta enfermedad precisamente en los países con mayores niveles de desarrollo.

A continuación se explican algunos de los hallazgos recientes en el estudio de esta cuestión.

 

Focalización en uno mismo

Un estudio realizado en la universidad de Ontario (Canadá) que pretendía ilustrar las diferencias entre las personas deprimidas y las que no lo están demostró la incapacidad de las personas deprimidas para situarse en el lugar del otro, es decir los deprimidos están mas centrados en sí mismos y de algún modo han perdido temporalmente la capacidad de situarse en lugar del otro. Esta actitud autorreferencial impide, entre otras cosas, plantearse alternativas o vislumbrar vías diferentes de comportamiento diferentes de una visión pesimista del mundo, del futuro y de uno mismo.

El creciente aislamiento e incipiente individualismo reinante en la actualidad parece no favorecer esta tendencia inherente de las personas depresivas. Las redes de apoyo social y las relaciones sociales están bajo mínimos y esto es algo a tener en cuenta.

Una buena conversación, un simple paseo por el campo o una partida de cartas pueden parecer minucias aburridas e intrascendentes

Cambios cerebrales en áreas relacionadas con la recompensa

En otro estudio, científicos chinos desvelaron algunas de las particularidades del cerebro deprimido, el cual compararon con el de personas sanas. Una de las áreas afectadas es la corteza orbitofrontal (área de Brodman numero 13). Se trata de un área implicada en el mecanismo de recompensa, la cual presentaba un peor funcionamiento sobre todo en conectividad con áreas dedicadas a la memoria. Estos resultados correlacionan con las mediciones de una escala habitual para evaluar la depresión en las personas (la escala de Hamilton). Así mismo, se constató una mejor funcionalidad en las áreas implicadas en el castigo, lo cual concuerda con la imagen negativa de uno mismo y baja autoestima en personas depresivas.

Este tipo de estudios nos ayudan a comprender mejor como afecta la depresión al cerebro aunque algunos autores se decantan por adoptar un mecanismo bidireccional, es decir considerando también cómo los cambios cerebrales afectan a los síntomas depresivos, adoptando una perspectiva más amplia que implica dejar de considerar estos cambios cerebrales como un mero producto de la enfermedad y valorando sus efectos en dicha enfermedad. De este modo síntomas y cambios cerebrales podrían estar interactuando al unísono y facilitando que la persona quede atrapada en la telaraña de la depresión.

En cualquier caso, los mecanismos de recompensa del cerebro están siendo sobre estimulados ante el imperante ansia consumista y de satisfacción inmediata de todos los placeres al alcance, de modo de que los reforzadores naturales hayan podido perder parte de su eficacia en satisfacernos: una buena conversación, un simple paseo por el campo o una partida de cartas pueden parecer minucias aburridas e intrascendentes frente a un espectacular video juego, un atracón de series a un rato visionando contenido pornográfico.

Parece como si necesitásemos aumentar paulatinamente la intensidad y cantidad de los estímulos para poder seguir incentivando nuestras áreas naturales de recompensa, esta actitud puede derivar en alguna adicción y en definitiva en una menor sensibilidad al placer.

Cuatro tipos diferentes de sintomatología

El trabajo con biomarcadores ha permitido desarrollar herramientas que nos permiten entender mejor el fenómeno de la depresión. Un estudio, llevado a cabo en el Family Brain and Mind Research Institute de Nueva York distinguió varios patrones en la depresión que asoció a cuatro tipos distintos de sintomatología

  • Biotipo 1: caracterizado por ansiedad, insomnio y fatiga.
  • Biotipo 2: cansancio y poca energía.
  • Biotipo 3: anhedonia (incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades) y movimientos y discurso lentos.
  • Biotipo 4: ansiedad, insomnio y anhedonia.

Común en estos patrones es la falta de energía y la incapacidad para sentir placer, fenómeno que enlaza con la anterior reflexión entorno a la posible merma de sensibilidad en las áreas cerebrales responsables del mecanismo de recompensa.

Azafrán (crocus sativus) y vitamina D

Están proliferando en los últimos tiempos algunos estudios sobre determinadas sustancias y los síntomas depresivos. Consideraremos aquí dos de ellas: el azafrán y la vitamina D.

En una revisión de seis estudios científicos se llego a la conclusión de que el azafrán tiene mayores efectos y en cuanto eficacia es superior a los antidepresivos convencionales. Esto podría explicarse debido a los efectos del azafrán sobre el sistema que regula la serotonina (un neurotransmisor del cerebro), así como su poder anti inflamatorio y protector del sistema nervioso y endocrino. Sin embargo conviene acoger con cautela estos resultados y consultar siempre a un profesional cualificado como nuestro medico de familia o un psiquiatra antes de iniciar cualquier tipo de tratamiento.

Los estudios entorno a la vitamina D han proliferado también durante los últimos años. En uno de ellos en los que se evaluaba a pacientes con trastorno psicótico se constato una relación entre los síntomas depresivos que presentaban estos pacientes y niveles bajos de esta vitamina.

Otro estudio de la universidad de Queensland en Australia, encontró vínculos entre la deficiencia de vitamina D y enfermedades como la esquizofrenia y la depresión.

A un grupo de personas sanas se les retiró la vitamina D de su dieta durante 20 semanas. Los resultados arrojaron problemas para memorizar y también dificultades de aprendizaje. Además, esta deficiencia de vitamina D afecto al hipocampo, una estructura del cerebro implicada, entre otras cosas, en la memoria. Las conexiones entre neuronas de esa zona se vieron también afectadas de manera significativa.

Otro estudio anterior (2008) apuntaba ya la posible relación entre la vitamina D y los síntomas depresivos. En este caso se trataron los síntomas depresivos en personas con sobrepeso y obesidad, constatando una mejoría en dichos síntomas.

Un estudio posterior con la depresión post parto arrojó resultados similares.

Es difícil obtener conclusiones ya que algunas revisiones han detectado errores en algunos estudios, además, una parte de los estudios en los que la administración de vitamina D no causó efectos relevantes simplemente no fueron publicados.

Conviene remarcar la importancia de adoptar una dieta saludable, variada y rica en alimentos cercanos a la naturaleza y con bajo grado de procesamiento.

De manera análoga al azafrán, debemos ser cautos y tener algo de paciencia ya que necesitamos más estudios que demuestren la eficacia de la vitamina D frente a los síntomas depresivos antes de aventurarnos a sacar conclusiones. Sin embargo, probablemente podamos llevarnos algunas sorpresas en el futuro si consideramos la influencia de la dieta en nuestro estado de animo y bienestar.

 

 

 

 

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